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lunes, 18 de julio de 2011

lectores se hacen

Comparto una artículo aparecido en Clarín.

"Cada año, con las vacaciones de invierno y junto a los espectáculos y las películas para chicos, llega la Feria del Libro Infantil y Juvenil: los libros dedicados a los chicos. Todo un universo de lecturas y entretenimientos en el que, si uno se lo propone, es posible entrar con un chico o chica y salir con un Lector. Así, con mayúsculas. Muy bien. Usted eligió llevar a su proyecto de Lector a la Feria porque sabe o intuye que la lectura es algo bueno, algo que abre mentes. Y tiene razón. Aprendemos leyendo. Crecemos leyendo. Pero debo advertirle: ningún Lector nace lector. Los lectores se hacen. Y ese proceso se inicia cuando ven leer a los adultos más cercanos y cuando tienen libros a su alcance. Libros que se puedan hojear, manosear, doblar y (esperemos que no) hasta romper. Así que si en verdad quiere tener un Lector, empiece por armar una biblioteca acorde a su tamaño si no cuando nuestro Lector tenga hambre de historias, no tendrá de dónde servirse.  Ahora una buena: nunca es tarde. Solo hace falta unir al Lector determinado con el libro preciso para que se produzca la magia. Para que se active el arte de leer por placer. ¿Pero qué libro?, preguntará usted. Eso es lo que se puede averiguar en la Feria. Porque lo que allí sobran son, justamente, libros. Para comenzar el proceso, tenga en cuenta la edad del Lector que lo acompaña. Si todavía no terminó el jardín de infantes, enfile hacia los libros con tapas duras, buenas ilustraciones, poco texto. A esos que llamamos libros-álbum. Aquí encontrará enorme talento al servicio de la imaginación. Dos de muestra: Tucán aprende una palabra de Márgara Averbach y Viviana Bilotti y Desde las gradas de Sandra Comino y Eugenia Nobati. Bien, para bucear entre todos los miles que encontrará, pregúntese qué cosas le interesan a su Lector. ¿Los animales, los dinosaurios, la música, la naturaleza? Una vez que halle algo interesante, aquí va el gran secreto: siéntese en el piso y póngase a leer. Sí, usted. Y ni siquiera en voz alta. Si de pronto se ríe, se emociona, se asusta, o le surge cualquier otra emoción primitiva, deje que su Lector, que seguro está trepando por su hombro para saber qué miércoles le está pasando, se asome al misterio. Ah … lo hemos seducido. Ahora comiencen a leer juntos.
Pasemos al Lector en edad escolar. En este caso, déjese llevar. Nuestro Lector va a apuntar hacia lo primero que le llame la atención. Que haga, que busque. La lectura es un acto de libertad y para practicarla hay que ser libre. Usted quédese a mano, por las dudas. Sí puede, por ejemplo, limpiar el camino de moralejas, diminutivos y malas traducciones. Las tres piedras con que puede tropezar el Lector. Y recuerde: no hay géneros menores. Historieta, poesía, novela, cuentos, divulgación, chistes. Cada lectura es un escalón que lleva a otras lecturas.  Si quiere, durante el recorrido muéstrele al Lector los libros que usted leía cuando era chico, (preséntese Lector). Un Verne o un May Alcott, según corresponda. Comparta. Pero no espere que le gusten de entrada. Las formas de narrar han cambiado así como cambió la forma de hablar, y es lógico que el Lector prefiera una historia con la que se sienta identificado. No insista. Darle de leer a un Lector novato un libro para un Lector experto puede cerrar una puerta. Ahora, si tanto el Lector como usted terminan desorientados de tanta letra impresa y ya no saben qué están leyendo o mirando, un par de consejos: El misterio nunca falla. Tampoco el humor. Lector que muere a carcajadas, lector que revive por más. Dos de muestra: Rodrigo y el libro sin final, de Sebastián Lalaurette, y El libro salvaje, de Juan Villoro. Antes de continuar, un descanso para ver qué hacemos con tanto espectáculo y talleres que ofrece la Feria. Téngalos en cuenta. Bien sirven a la hora de Lector cansado o a punto de rabieta.
En cuanto al Lector joven, hay tantos maravillosos libros juveniles, que con solo enviarlo a la Feria con una caña y dejarlo pescar, le digo que alcanza. De muestra: Los socios del club de pescadores de Franco Vaccarini, o El hombre de los pies-murciélago, de Sandra Siemens. Quisiera poner más nombres y más títulos. Nuestro país tiene fantásticos escritores e ilustradores de literatura infantil y juvenil. Gente que respira historias, que escribe para chicos simplemente porque no quiere hacer otra cosa. Si apunta a ellos no se equivoca. Y aquí concluye el recorrido. Pero sólo en lo que se refiere a la Feria. El camino del Lector no se termina nunca. Ni aún cuando se llega a la última página."

martes, 11 de enero de 2011

gracias María Elena Walsh

De más está hablar del lugar que ocupan en nuestras vidas y las de nuestros chicos las canciones y los libros de María Elena Walsh y de nuestra admiración eterna hacia ellos.

Voy a usar algo muy personal como pequeño homenaje: un poema del libro "Versos para Cebollitas" (1967), que creo que fue el pirmer libro que me aprendí de memoria del principio al fin cuando era muy chica.

Nos causaba mucha gracia a mis hermanos y a mí leer y repetir este texto infinitas veces e imaginarnos esas situaciones: supongo que tendría que ver con que a esa edad (4, 5 años...) el único Enrique del universo, para nosotros, era nuestro papá !!!



Ni dormido ni despierto,
como todas las mañanas,
don Enrique del Meñique
tiene ganas, muchas ganas
de tomar su desayuno
con catorce mediaslanas.

Don Enrique tiene casa
con muchísimos jardines,
y por entre sus rosales
se pasea con patines,
pero ¡ay! esa mañana
se enganchó los pantalines.

Se imaginan qué porrazo,
se imaginan qué caída.
Allí cerca lo esperaba
una mesa bien servida:
don Enrique, de nariz,
se cayó en la mermelida.

Don Enrique pataleaba:
“¡Los bomberos, accidente!”.
Nadie, nadie lo escuchaba,
pero en el balcón de enfrente,
atraído por los gritos
asomose un elefente.

Estiró bien la trompita
tras las rejas de su cucha,
pero el pobre era tan miope
que después de mucha lucha,
en lugar de don Enrique
levantó una cucarucha.

Pero al fin llegó el bombero
todo envuelto en una cinta.
Lo que había en su manguera
no era agua, sino tinta,
y empuñaba, en vez del hacha,
un dorado sacapinta.


Gracias María Elena Walsh por esos años de risas y por estos recuerdos eternos!!!

sábado, 4 de septiembre de 2010

Libros/es

Me puse a ordenar los libros que había en las mesas de luz de mi cuarto y apareció este, que mi hijo mayor estuvo leyendo hace unos dias: 





En el año 77, este libro fue prohibido por tratarse "de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo”, y porque “de su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que este compone”. De mi análisis, surge que es genial para leerselo a nuestros chicos. 

Acá está el cuento completo y acá algo más acerca del libro.
 
Que lo disfruten !!