No es una novedad que los dias, las semanas y los meses vuelan: ya estamos en noviembre, cuando queremos acordar es Navidad y enseguida tendremos a Martín y a Mía agrandando la primada. El paso del tiempo implica muchas cosas, pero una de las más importantes y emocionantes para nosotras es, sin duda, que nuestros chicos crecen.
Y tanto crecen que muchos ya están llegando a la etapa en que tienen que cambiar la cuna por la cama. Algunos porque ya quedan apretados; otros porque tienen tanta energía, curiosidad y necesidad de libertad que se trepan a la baranda para salir, con el riesgo que esto significa; y una porque tiene que ir dejando la cuna libre para su hermanita... Pero cualquiera sea el motivo del cambio, es emocionante para nosotras y para ellos: es uno de los pasos principales en el camino hacia la independencia.
El cambio suele darse alrededor de los dos años, dos años y medio. Los chicos que tienen hermanos mayores suelen darlo antes, estimulados por el deseo de imitar, querer hacer y portarse igual que su hermano mayor. Otros, al contrario, aunque les guste estar en camas grandes como la de sus padres, e incluso acepten la idea de irse a dormir en una cama sólo para ellos, se resisten a salir de la cuna: es una reacción muy normal, ya que fue en la cuna donde aprendieron a conciliar el sueño, donde se sienten protegidos, arropados y más seguros.
En cualquiera de los casos, lo ideal es responder a sus demandas y necesidades: si el chico está entusiasmado por el cambio y tiene buenos hábitos de sueño, a la cama sin más vueltas; si en cambio, todavía se resiste y la cuna sigue siendo segura para su tamaño, peso y movimientos, se puede ir más gradualmente, sin apuro. Si se necesita un periodo de adaptación hasta que se sienta más seguro y haga el cambio definitivo, puede jugar o dormir la siesta en la cama, mientras sigue durmiendo por la noche en la cuna . Es muy importante explicarle los motivos del cambio, valorando siempre su crecimiento y su tamaño: hay que transmitirle nuestra alegría porque es grande y merecedor de dormir en una cama. Se puede hacer una "fiesta" en la que todos celebremos el cambio y lo comentemos con familiares y amigos.
Para animar y estimular a un chico a que acepte un cambio, nada mejor que dejarle que participe en la toma de algunas decisiones: puede ayudar a elegir la cama, elegir los colores y dibujos de las nuevas sábanas, ayudar en el desmonte de la cuna y saber donde la van a guardar, trasladar el muñeco, la mantita o el juguete con el que dormía en la cuna, y así con todo.
Para tener en cuenta:
La cama debe ser segura y amplia, no muy alta , sin esquinas salientes ni pintura tóxica.
Si no se la puede ubicar lejos de ventanas y enchufes, tomar las medidas de seguridad necesarias: colocar una red de protección en la ventana, tapar los enchufes, etc.
Si el chico es muy inquieto, antes de pasarle definitivamente a la cama se puede colocar su colchón en el suelo, evitando así el riesgo de caídas y la necesidad de colocar barreras protectoras en la cama. Si se trata de una cuna funcional con cama carrito abajo, sacar la mitad de esta última también funciona como protección ante caidas.
Si es necesario colocar un baranda, estas son una opción:
No es buena idea hacer el cambio porque nace un hermanito y tiene que heredar su cuna. Esta decisión podría generarle resentimiento y celos.
Lo fundamental para que un chico duerma bien es que se sienta seguro, tanto física como psicológicamente, y esa seguridad se la transmitimos nosotros.